LOS ADOLESCENTES Y EL CONSUMO DE DROGAS
El consumo de drogas constituye en la actualidad un importante
fenómeno social que afecta especialmente a los adolescentes, La prevalencia del
uso y abuso de drogas en la etapa adolescente y adultez temprana son altas, Ante
la alta disponibilidad, en la actualidad los adolescentes tienen que aprender a
convivir con las drogas, tomando decisiones sobre su consumo o la abstinencia de
las mismas. El proceso de socialización, con la familia, amigos, escuela y
medios de comunicación es importante en ello. La percepción de riesgo y los
factores de riesgo, junto al ocio, tiempo libre y vida recreativa, son elementos
que debemos considerar para comprender esta problemática. Los psicólogos tenemos
un importante papel que cumplir tanto para explicar esta compleja conducta como
para la puesta en práctica de programas adecuados y eficaces de prevención y
tratamiento.
Aunque el consumo de drogas ha existido a lo largo de la
historia en las últimas décadas ha tomado una nueva dimensión. Hoy es clara la
relación directa entre sociedad desarrollada y consumo abusivo de drogas. Estos
consumos son distintos a los consumos puntuales y ritualizados de otras culturas
o de la nuestra en otros momentos históricos. Dicho cambio se ha producido
debido a que el comercio internacional se ha hecho, en palabras de Westermeyer
(1996), fiable, rápido y económico en las últimas décadas. A ello hay que añadir
la "miniaturización" de las sustancias, en el sentido de que con poca cantidad
de una sustancia, que ocupa poco espacio y es fácil de transportar, puede
proporcionar un gran número de dosis (ej., las miles de dosis a partir de un
kilo de heroína, cocaína o el escaso peso de cada pastilla de drogas de
síntesis). Además, si la sustancia es fácil de transportar (por su peso,
aislamiento, duración, etc.), y puede proporcionar grandes beneficios, es claro
que las estrategias de márketing, introducción y distribución van a cobrar gran
relevancia. Esto se facilita por el valor que se le da al dinero en nuestro
sistema social y a los pocos escrúpulos que tienen algunas personas en
obtenerlo, sea de modo legal o ilegal. No se olvide que sustancias que hoy nos
parecen cotidianas (ej., heroína, cocaína, drogas de síntesis), hace algunas
décadas, no era posible conseguirlas fácilmente, aunque algunas personas las
traían en sus viajes a otros países. La única excepción son las drogas legales,
el tabaco y el alcohol, especialmente este último, que es nuestra droga "social"
en el sentido histórico, y así se sigue manteniendo en el presente para una gran
parte de la población. Es bien sabido que algunos consumos de drogas legales se
hacen de modo ritual (ej., brindar con champán ante acontecimientos importantes,
el regalo de un puro al varón en una boda y los cigarrillos a la mujer). Otra
cuestión importante son las consecuencias que acarrea en la salud su consumo
(tabaco) o consumo abusivo o dependencia (alcohol), que a nivel cuantitativo son
las más relevantes desde una perspectiva de salud pública, y no siempre asumidas
por el conjunto de la población. No debe olvidarse los intereses económicos que
subyacen a las mismas y el bloqueo sistemático a las acciones de control por
parte de los lobbis interesados en no perder ni una sola peseta de su negocio,
su rentable negocio.
En este contexto se sitúan aquellas personas que por su
desarrollo evolutivo inician la adolescencia, y se encuentran con una gran
disponibilidad de distintas drogas, tienen que decidir si van o no a consumir
las mismas y, si las llegan a probar, si van a continuar o no con dicho consumo.
Aparte, tenemos que hablar de tipos de drogas, ya que son varias las existentes
(ej., alcohol, tabaco, heroína, cocaína, hachís, drogas de síntesis, etc.), con
lo que las posibilidades de acceso a distintas sustancias psicoactivas son
diversos y las posibilidades de adicción a unas y a otras es hoy mayor que en
otras épocas históricas.
El CONSUMO DE LAS DISTINTAS DROGAS EN LA ACTUALIDAD
El consumo actual de las distintas drogas está claro que es
inmensamente superior al de, por ejemplo, hace 50 años. Hoy las drogas se han
generalizado de modo importante. Los últimos datos disponibles en España, y más
fiables, la encuesta escolar de 1998, realizada por el Plan Nacional sobre
Drogas (2000), representativa a nivel nacional de los jóvenes escolarizados
entre 14 y 18 años de edad, confirma esto. Como podemos observar en la tabla 1,
el consumo de alguna droga en los últimos 12 meses es alta, fundamentalmente el
alcohol (sobre el 80%) seguido del tabaco y del cannabis (entre un 20 y un 30%
dependiendo de los sexos). Y, si se analizan los consumos en los últimos 30 días
los datos son preocupantes: un 65.8% alcohol, un 28.3% tabaco, un 17.2%
cannabis, y el resto de las sustancias entre un 1.6 y un 2.4%. Nótese que el
patrón de consumo suele ser el de policonsumidor, de ahí que no podemos sumar
las cifras anteriores, ya que daría más del 100%, y ello sería incorrecto. De
los anteriores datos destacaríamos el alto consumo de alcohol, que en una parte
de los casos van a ser bebidas de alta graduación y en fines de semana, con el
nuevo patrón de consumo que clásicamente se consideraba anglosajón (una alta
ingestión de bebidas alcohólicas en un corto período de tiempo con la
consecuencia en muchos casos de la borrachera), pero que parece que en pocos
años será también el nuestro, a diferencia del estilo de beber
latino/mediterraneo (dosis bajas, habitualmente de vino, todos los días). Le
sigue el consumo de tabaco, asociado en los adolescentes a una publicidad
incisiva y orientada especialmente a ellos para así las compañías tabaqueras
conseguir nuevos adictos ante las personas de mediana edad que dejan de fumar
por sus problemas de salud o porque les han hecho formalmente la recomendación
médica de que tienen que dejar de fumar. Y, a corta distancia del tabaco, está
el consumo de cannabis, que se ha ido convirtiendo en una droga casi
normalizada, por el alto nivel de consumo en jóvenes, una cultura específica que
lo rodea y cierta industria que se va montando a su alrededor (revistas,
productos, música, etc.). El resto de las sustancias consumidas es preocupante,
pero realmente lo más preocupante son las primeras sustancias que hemos hablado,
por el alto porcentaje de prevalencia en jóvenes. Las drogas ilegales (ej.,
cocaína, speed, éxtasis) son las que consumen una parte de los jóvenes en la
etapa de prueba pero sólo una parte de ellos llega a ser dependiente. Tanto en
ésta como en las anteriores la prueba puede llevar o no al abuso o a la
dependencia. Ésta es una importante cuestión que si pudiesemos contestar
claramente nos permitiría conocer con exactitud cúal será la magnitud del
consumo futuro de los hoy jóvenes.
Pero ya podemos adelantar que el dato cierto es que analizando
las encuestas realizadas a la población escolar española (se hace cada dos
años), entre los años 1994 y 1998, se aprecia claramente un incremento de
consumo en varias sustancias, como el cannabis (del 18.1% al 25%, respecto al
consumo en los últimos 12 meses), cocaína (1.7% al 4.1%, respecto al consumo en
los últimos 12 meses) y sustancias volátiles (1.8% al 2.7%, respecto al consumo
en los últimos 12 meses), mientras que el consumo de éxtasis desciende (3% en
1994, 2.9% en 1996 y 2.5% en 1998, para el consumo en los últimos 12 meses); las
demás se mantienen mas o menos estables. Como indica dicho estudio, y conocemos
por la literatura empírica, una parte del mayor o menor descenso del consumo de
sustancias en tan pocos años depende de la disponibilidad y también de la
percepción del riesgo asociado a cada droga. Éste es un aspecto que sirve para
explicar el mayor o menor consumo en un momento determinado del tiempo.
Tampoco hay que olvidar que el consumo de tabaco y alcohol
incrementa la probabilidad de consumir marihuana (Becoña, 1999). Y, de los que
consumen marihuana una parte de ellos tiene una mayor probabilidad, respecto a
los que no la consumen, de consumir otras drogas como la heroína o la cocaína.
Esto no significa que todos los que consumen marihuana pasen a consumir cocaína
o heroína; sólo pasarán a consumirla una parte de ellos. Ni tampoco significa
que una parte significativa de los que consumen marihuana a esas edades no la
dejen definitivamente en el futuro o queden en consumos bajos o esporádicos.
Esto debe saberse porque precisamente los programas preventivos de drogas, con
buen criterio, se orientan a la prevención del consumo de drogas legales y de la
marihuana. Con ello se pretende prevenir directamente el consumo de estas
sustancias e, indirectamente, el de las que la sociedad clásicamente considera
como drogas (heroína, cocaína, LSD, etc.).
Lo anterior entra en muchas ocasiones en contradición con la
conducta que observan, a nivel de consumos, de los adultos; esto es, de las
personas más cercanas a los adolescentes (padres, familiares, profesores,
vecinos del barrio, etc.). Tan drogas son la nicotina y el alcohol como la
heroína y la cocaína. Y, muchos adultos tienen dependencia de la nicotina y
abusan o tienen dependencia del alcohol. Este aspecto no hay que pasarlo por
alto. Al final una sociedad es más o menos adicta en función de todos sus
miembros, y los adolescentes son una parte de la sociedad pero no la es toda. Ni
mucho menos se puede pensar que el consumo de drogas (de todas las drogas) se
centra exclusivamente, o fundamentalmente, en ellos. Los datos no nos muestran
esto.
¿POR QUÉ SE CONSUMEN DROGAS?
Se han planteado distintas teorías etiológicas o con un intento
explicativo global acerca del consumo de drogas. Éstas se han centrado
fundamentalmente en adolescentes por ser la edad en la que las personas se
inician en el consumo de drogas. Podemos afirmar que hay un considerable
acuerdo, tal como reflejan los modelos y teorías explicativas sobre el consumo
de drogas, de que el problema del uso y abuso de drogas no se da aisladamente.
Es habitualmente un elemento más de otras conductas problema que tiene el
individuo. Éstas pueden ir desde factores de predisposición, fracaso escolar o
bajo rendimiento académico (Takanishi, 1993), pobreza (Jessor, 1993), problemas
familiares, problemas y trastornos psicológicos, etc., por citar sólo algunas de
las más importantes. También hoy sabemos que en los adolescentes los problemas
de salud física están interrelacionados con los problemas de salud mental
(Kazdin, 1993). Lo cierto es que, como ha demostrado claramente el estudio de
seguimiento de Jessor, Donovan y Costa (1991), la mayor implicación en conductas
problema en la adolescencia y juventud se relaciona con tener luego tambien
mayor cantidad de conductas problema en la vida adulta, lo que sugiere una
continuidad en la implicación en las conductas problema a lo largo del tiempo.
De ahí que la prevención sea conveniente aplicarla en edades tempranas.
En la figura 1 exponemos un modelo comprensivo y secuencial
para explicar las fases por las que pasa una persona para consumir o no drogas,
el cual puede verse ampliamente descrito en Becoña (1999). Por cuestiones de
espacio no lo desarrollaremos aquí pero algunos de los elementos básicos del
mismo se expondrán a continuación referido a los adolescentes en relación con el
consumo de drogas.
DROGAS Y ADOLESCENCIA
La adolescencia es una edad crítica para la formación de la
persona. En la misma tiene que desarrollarse a nivel físico, emocional, social,
académico, etc. La búsqueda de la autonomía e identidad son elementos
definidores de la misma. Esto se va a ver favorecido o no por su historia
previa, por el apoyo/no apoyo y comprensión de su familia, existencia o no de
problemas en la misma, grupo de amigos, etc. Tampoco se debe olvidar que la
adolescencia es un largo período de tiempo que luego continuará en la vida
adulta. El consumo de drogas es uno de los aspectos con el que se tiene que
enfrentar y decidir la persona en función de su medio socio-cultural, familiar,
de sus amigos, etc. Debemos ser conscientes de que la experimentación con las
drogas se ha convertido en un hecho habitual en los adolescentes de las
sociedades desarrolladas (Blackman, 1996). Un gran número de ellos experimentan
con el tabaco y el alcohol, en un lugar intermedio el hachís, y en menor grado
con otras sustancias, como ya hemos visto anteriormente. Una experimentación
temprana con estas sustancias facilita la posterior experimentación con otras
sustancias. Saber convivir con las drogas (Funes, 1996) y saber que un
porcentaje muy elevado de adolescentes van a consumir drogas, es un hecho que
hay que saber, conocer y reconocer, para poder actuar y ayudar a estas personas.
Todo ello sugiere la relevancia de la etapa adolescente
respecto al inicio en el consumo de drogas. Lo cierto es que la historia se ha
acelerado en el último siglo respecto a los siglos anteriores y en cada década o
dos décadas tenemos una generación nueva o cohorte nueva que se diferencia de la
anterior en gustos, modo de vestir, metas, etc. Algunos autores han analizado
este fenómeno en Norteamérica, sugiriendo que allí la actual generación podría
llamarse la "generación X", contrapuesta a la anterior, la del gran boom
demográfico y llena de oportunidades de todo tipo, respecto a la actual. Las
personas de esta generación X se caracterizarían respecto a la anterior por
tener una visión negativa sobre el futuro, baja autoeficacia escolar, poca
expectativa laboral, todo lo cual favorece los problemas relacionados con
conseguir la autonomía, la independencia y la autoidentificación (Takanishi,
1993). El modo en que nuestra sociedad trata a sus adolescentes depende, en
parte, en el modo en que ella interpreta sus conductas (Quadrel, Fischfoff y
Davis, 1993). Una explicación ampliamente extendida es que los adolescentes
llevan a cabo conductas de riesgo que ellos ignoran o que infraestiman, pero que
probablemente tengan consecuencias negativas. Esta es la hipótesis de la
invulnerabilidad percibida (por ej., la creencia que existe entre los
adolescentes de que no tienen que utilizar anticonceptivos porque las relaciones
sexuales no van a producir el embarazo, poder adquirirse el VIH, etc.). Sin
embargo, esto que le ocurre a los adolescentes, les ocurre de igual modo a los
adultos. Por ello Quadrel et al. (1993) salen en defensa de los adolescentes,
dado que se quiere llevar a cabo con ellos un paternalismo que los estigmatiza,
les niega sus derechos a gobernar sus propias acciones, verlos como un problema
social, y pretendiendo interferir con la experimentación que es una parte
esencial de la adolescencia.
EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN
El proceso de socialización está en la base, con frecuencia,
del posterior consumo o no de drogas. De modo especial, el medio familiar ocupa
un lugar destacado (Hops, Duncan, Duncan y Stoolmiller, 1996). Es en el seno de
la familia donde la persona se socializa, aprende y adquiere tanto creencias,
como actitudes, normas sociales interiorizadas, valores, intenciones y hace a
partir de ellas unas u otras conductas. El aprendizaje, la observación, las
consecuencias de las acciones, etc., van poco a poco moldeando el modo de ser
del niño y posteriormente del adolescente.
Hoy sabemos que la familia tiene más importancia de lo que se
pensaba hace años, en relación con los iguales, en la adolescencia (Kandel,
1996). De ahí que una buena educación familiar es importante. Por contra,
sabemos que los problemas familiares se han incrementado de modo acusado en las
últimas décadas. En España, por ejemplo, en el año 1994 hubo 196.000
matrimonios, 47.500 separaciones y 31.500 divorcios (Cáceres, 1998). Estas
cifras aumentan año a año. Dada la relación existente entre separación y
divorcio, con la aparición concomitante o posterior de distintos problemas y
psicopatología en una parte importante de los hijos de estas personas, como
trastornos psicopatológicos, fracaso escolar, etc., éste es un importante factor
de vulnerabilidad para distintas conductas problema. Se han propuesto distintas
explicaciones para la existencia de un mayor número de problemas maritales,
junto a separaciones y divorcios, que hace décadas, como la existencia de
factores sociales y económicos que caracterizan a la sociedad actual, trabajar
ambos cónyuges fuera de casa, tener menos tiempo disponible para dedicarle a los
hijos, primar la creencia de que los hijos solo quieren cosas materiales y no
afecto, pensar que los hijos son una cosa más, etc. De ahí que, los programas
preventivos en personas con vulnerabilidad o problemas en la esfera familiar,
son otra vía importante para conseguir mejorar la salud mental de las personas.
Y, también, para reducir el consumo de las distintas drogas, ya que a mayor
número de problemas, mayor probabilidad de consumo de drogas.
El grupo de iguales constituye un grupo de referencia para los
adolescentes de gran importancia. Con ellos adquieren una visión distinta del
mundo a la que reciben de sus padres y de la misma escuela. En el grupo de
iguales se sienten protegidos, entendidos y como parte importante de algo. Son
un elemento importante tanto para su desarrollo psicológico como social. Tanto
la familia como la escuela inciden en ellos de modo directo e indirecto. El buen
de los iguales, de su dinámica y de las demás variables que inciden en este
elemento primario de socialización en cada momento histórico concreto, es
imprescindible para llevar a cabo cualquier acción efectiva con ellos. Pero la
interrelación entre el grupo de iguales, la familia y la escuela es más
relevante de lo que se creía (Kandell, 1996), de ahí que unos influyen en los
otros (ej., la familia puede evitar activa y efectivamente que su hijo/a se
implique en un grupo de iguales consumidores). Esto también nos lleva a no
olvidar nunca al individuo. Es el actor y parte básica de lo que estamos
tratando. Hay elementos importantes en la vida del niño y del adolescente que
van a tener gran relevancia en su vida adulta. Se han estudiado muchas variables
de tipo personal, como la autoestima, la frustración, la ira, la búsqueda de
sensaciones, etc. Estos elementos son relevantes para su funcionamiento
constituyendo junto al aprendizaje y la inteligencia la parte psicológica más
importante de la persona. Estas variables, como otras, se han considerado de
modo separado, pero parece más adecuado verlas de cara a la prevención junto a
las demás, porque por sí mismas tienen poco valor explicativo.
PERCEPCIÓN DE RIESGO Y FACTORES DE RIESGO
La percepción del riesgo es una variable de gran relevancia
para explicar el consumo o no de una sustancia psicoactiva Las personas toman
decisiones en función de las consecuencias positivas que van a obtener y evitan
las consecuencias negativas. Si perciben que algo les va a acarrear dichas
consecuencias negativas no lo harán. Por ello, la concepción que se tiene sobre
las distintas drogas, que depende tanto del uso, como de las creencias y de la
propia construcción social sobre la sustancia, influye en su consumo. En
ocasiones puede haber sesgos sobre los efectos de las sustancias, en un sentido
o en otro. Por ello es de gran relevancia proporcionar información correcta y
tener siempre presente que el objetivo de una persona es tener las suficientes
habilidades para enfrentarse adecuadamente al mundo circundante y tener una
buena adaptación en el mismo.
Hoy sabemos que hay un conjunto de factores de riesgo y de
factores de protección, asociados al consumo de drogas, que nos permiten conocer
qué personas están en mayor riesgo de consumir y aquéllas que tienen mayor
protección para no consumir. En la tabla 2 indicamos los factores de riesgo
propuestos por Petterson, Hawkins y Catalano (1992). Ello facilita conocer qué
adolescentes son más vulnerables a las mismas y, en función de ello, es posible
desarrollar programas preventivos. Recientemente, con buen acierto, se han
diferenciado los programas preventivos en universales (para todos los
adolescentes), selectivos (para un subgrupo de adolescentes que tienen mayor
riesgo) e indicados (para un subgrupo concreto de alto riesgo, que ya consumen o
que tienen problemas de comportamiento).
El consumo de drogas no suele ir solo, sino unido a otras
conductas desviadas, antisociales o consideradas problemáticas socialmente.
Detectar los adolescentes vulnerables a este tipo de problemas es de gran
relevancia tanto para ellos como para el resto de la sociedad. Esto también nos
debe dejar claro que la mejora en el bienestar social (ej., reducción de la tasa
de paro, aumento de las oportunidades, buenas escuelas para todos, etc.),
biológico (facilidad de acceso a la sanidad, posibilidad de hacer chequeos
periódicos, etc.) y psicológico (crianza adecuada con una buena interacción con
la familia y un buen nivel de afectividad; poder desarrollar sus capacidades y
expresar sus opiniones; preservar la salud mental, etc.) de las personas, puede
ser una de las mejores formas de hacer prevención para el consumo de drogas.
Además, son varios los factores que hacen que las personas no
se comporten saludablemente, (Bayés, 1990; Becoña y Vázquez, 2000): 1) por el
carácter placentero (reforzante) de la mayor parte de las consecuencias que
siguen a muchos comportamientos nocivos, así como a la inmediatez de sus
efectos, 2) lo dilatado del tiempo que, normalmente, separa la práctica de los
comportamientos nocivos, de la aparición de la enfermedad en su estado clínico
diagnosticable, 3) el hecho de que mientras las conductas no saludables (ej.,
carcinógenas) proporcionan siempre, o casi siempre, una satisfacción real e
inmediata, la aparición de enfermedades o de otros efectos nocivos son remotas y
poco probables, 4) el convencimiento del poder sin límites de la medicina y de
su tecnología para solucionar cualquier problema que podamos llegar a padecer,
5) por el sistema cultural, que a través de distintas creencias y por su arraigo
suele mantener y "justificar" prácticas no saludables, pero socialmente
correctas, y 6) el cambio como un proceso cíclico y lento más que rápido y
lineal, en muchos casos caracterizado por la recaída. Muchos adolescentes no ven
los problemas que pueden causar las distintas drogas o las conductas de riesgo
que realizan a corto plazo; ven que esos son problemas muy lejanos y que no van
con él, si es incluso que llega a plantearse que pueden llegar a causarle
problemas (ej., emborracharse).
OCIO, TIEMPO LIBRE, VIDA RECREATIVA Y CONSUMO DE DROGAS
Un nuevo fenómeno que empieza a emerger con fuerza para
explicar el consumo de drogas, tanto ocasionalmente como a nivel de abuso y
dependencia, en adolescentes, es el consumo recreativo de drogas (Calafat, 1999;
Calafat et al., 1999). Es indudable que el ocio y tiempo libre se está
convirtiendo cada vez más en un fenómeno característico de las sociedades más
avanzadas, entre las que nos encontramos. El trabajo va quedando poco a poco
relegado a algo, que sin dejar de ser importante, nos ocupa sólo una parte del
día, nos deja varios días libres a la semana y nos permite tiempos de descanso
(vacaciones) largos. Esta concepción del trabajo ha impregnado la vida social y
se aplica por igual a los estudiantes, incluso en mayor grado. Esto es muy
distinto a otras épocas históricas en donde la lucha por la supervivencia era lo
más importante y, por desgracia, sigue siendo así todavía hoy en muchos
continentes, especialmente en los países considerados del tercer mundo. En este
contexto la cultura del ocio ha ido cobrando fuerza e importancia en los últimos
años en nuestro país, donde además ya se ha convertido en una floreciente
industria que, a su vez, proporciona muchos puestos de trabajo. Unido a ello,
nuestras características socioculturales, facilitan una cultura del ocio, aparte
del turismo, el clima y el gran número de días de que disponemos a lo largo del
año para estar de asueto. El fin de semana (dos días o tres si se incluye el
viernes por la tarde-noche), aparte de puentes, festivos y vacaciones, permite
hoy disponer a muchas personas de una gran cantidad de tiempo libre que hay que
ocupar. Lo que es una gran consecución social, la cada vez mayor liberación del
trabajo, y disponer de mayor tiempo libre para cada uno cultivarse como mejor
crea conveniente, puede ser un elemento favorecedor del consumo de drogas si
éstás están asociadas a una parte de ese ocio y tiempo libre.
Como es bien sabido, en los jóvenes se ha producido en los
últimos años una importante transformación de la diversión y de los hábitos de
consumo asociados con ella. La vida recreativa, el pasarlo bien, el salir de
marcha, se ha convertido en un nuevo fenómeno, más que por nuevo, ya que la
gente se ha divertido siempre, por sus nuevas características. Además, este
nuevo fenómeno ha estado asociado en parte importante, en sus inicios, al
consumo de éxtasis, para pasarlo mejor y aguantar la noche, a la baja percepción
de riesgo de su consumo, al cambio de los horarios de diversión, al surgimiento
de los "afters", o lugares de diversión desde altas horas de la madrugada hasta
la mañana, las rutas del bacalao, etc., todo lo cual ha constituido un nuevo
modo de divertirse que no existía hace unos años. Y, esta nueva forma de
diversión, se asocia en una parte de los que participan en ella a un consumo de
sustancias para "aguantar" mejor la noche y pasarlo bien. De ahí la asociación
entre vida recreativa y consumo de drogas. En todo caso nunca hay que olvidar
que cuando hablamos de consumo de drogas hay que conocer el dato epidemiológico
real, en el sentido de que siempre hay más personas jóvenes, si nos referimos a
ellos, que no consumen drogas ilegales que los que las consumen, aunque el
consumo de alcohol llega a unas cifras de mayor número de consumidores que de no
consumidores y en las demás con altos consumos en la vida recreativa,
especialmente cuando salen de marcha. Por suerte, esto se circunscribe
habitualmente al fin de semana, aunque este tipo de conductas incrementa la
probabilidad de que un porcentaje de los mismos tengan problemas de consumo
abusivo de drogas o de alcohol y que aparezcan pronto sus problemas asociados,
especialmente por el policonsumo recreativo (Calafat, 1999). Pero lo cierto es
que estamos asistiendo en estos últimos años a un cambio en los patrones de
consumo de sustancias en los jóvenes asociados a esta nueva forma de divertirse.
Y este cambio no es sólo característico de nuestros jóvenes sino que es un
fenómeno semejante en el resto de los países europeos (Calafat et al., 1999), lo
que nos muestra además claramente la creciente homogenización a la que vamos no
sólo en la moda, estética, forma de vestir, sino también en los consumos de las
distintas drogas.
EL FUTURO
Actualmente nuestro sistema social, tanto debido a los medios
de comunicación de masas, el buen nivel socioeconómico que nos permite acceder a
muchos productos de consumo, los valores imperantes del hedonismo (Brown, 1988),
individualismo, el dinero, etc., lo que se ha llamado la sociedad del bienestar
en ocasiones, favorece el consumo de las distintas drogas. Los medios de
comunicación de masas, como elemento que tiene gran relevancia en el proceso de
socialización, contribuye claramente a ello. Es a través de los mismos donde más
se transmiten estos valores, a diferencia de la familia y la escuela que
transmite otros valores más tradicionales y centrados en la persona y su
educación para afrontar adecuadamente la vida. Aunque la información
adecuadamente proporcionada es importante, y los medios de comunicación pueden
ser de gran ayuda para transmitir conocimientos, ideas y valores de gran
relevancia para la formación integral de la persona, en la práctica no hay
adecuación entre la socialización de padres y escuela y la de los medios de
comunicación de masas. Nótese que quien suele seleccionar los espacios
televisivos son los niños no los padres ni profesores. Y éstos no siempre eligen
lo más adecuado ante la gran variedad de oferta (ej., el problema con los
contenidos agresivos, violentos y a veces de mal gusto de muchos dibujos
animados, películas, programas de variedades o sensacionalistas, etc.).
La permisividad hacia las drogas existente en nuestro medio,
empezando por las drogas legales, junto a las ilegales, en forma de consumo,
tráfico, intereses económicos, personas implicadas, redes creadas a través de
las mismas, etc., junto a su accesibilidad y disponibilidad, hacen que sea de
gran relevancia entrenar a las personas en resistir la presión que se van a
encontrar en su vida cotidiana para su consumo. Éste es un elemento importante,
aunque no constituye toda la realidad del problema. Pero, dado que es un
elemento más que va a llevar a distintas personas a probar o no distintas
sustancias, cuando no tiene habilidades adecuadas de afrontamiento, o están
presentes en esas personas importantes variables de vulnerabilidad para el
consumo de esa sustancia o sustancias, aumenta el riesgo de consumo. De ahí, que
si no tiene dichas habilidades se puede producir el consumo, seguir consumiendo
o incluso correr el riesgo de llegar a ser una persona dependiente de esa o esas
sustancias. Pero los procesos no son lineales en todos los casos (Becoña, 1999).
Hoy conocemos relativamente bien los factores de riesgo y protección para el
consumo de drogas, incluso en distintas etapas evolutivas. Esto hace posible
poder diseñar y, en parte, implantar medidas de tipo preventivo que hagan
posible, por una parte mitigar o amortiguar los factores de riesgo y, por otra,
incrementar los factores de protección. Para ello se han utilizado distintas
estrategias desde la información hasta el entrenamiento en distintas
habilidades. Siendo realistas, en unos casos estas medidas pueden ser
suficientes, pero en otros las medidas tienen que ser mucho más importantes,
como el ataque a la pobreza (Jessor, 1991), la mejora de las relaciones
familiares, proporcionarles un incremento de las expectativas y de mejores
perspectivas de futuro, etc. A nivel técnico conocemos lo que hay que hacer y se
ha avanzado mucho en ello en las últimas décadas (Weinberg, Rahdert, Colliver y
Glantz, 1998). Pero hay que ser conscientes de que la intervención técnica para
preservar la salud choca, con más frecuencia de lo que nos gusta creer, contra
enormes intereses económicos que hacen que el avance en este tema sea mucho más
lento de lo que sería de esperar. Nuestro sistema social se basa en una economía
de mercado. El mercado de las drogas es el mercado número uno en el mundo. De
ahí que los intereses que subyacen al mismo son enormes. Controlarlo, por tanto,
es difícil. Además, se mezcla el hecho de existir unas sustancias, dentro de las
drogas, que son de tipo legal y otras de tipo ilegal. Ello confunde y complica
las cosas en ocasiones. Y, además, en unas culturas el consumo de algunas drogas
o formas tradicionales de consumo de drogas son legales (ej., hojas de coca en
Perú), mientras que en otras no (ej., la prohibición del alcohol en distintos
países árabes). En los programas preventivos, ello exige plantear que lo más
importante es la persona, no la sustancia, y que lo que se debe hacer no es
anatemizar a la sustancia sino entrenar a la persona a que pueda decidir qué
hacer con su vida, para a través de esa decisión conseguir los objetivos y metas
deseados. Es lo que se ha denominado el modelo de mejora de la competencia
(Dusenbury y Botvin, 1992).
Todo lo dicho nos indica que las drogas se están convirtiendo
en un elemento cotidiano más. Los adolescentes, especialmente, y los adultos
jóvenes, van a tener contacto con ellas porque su disponibilidad es alta y el
márketing de conseguir nuevos clientes está bien diseñado y dirigido
especialmente a ellos o presentes en los lugares donde se mueven (ej., lugares
de ocio y diversión). De ellos va a depender probar o no los mismos cuando se
las ofrezcan o cuando quiera experimentar con ellas ser capaces de no hacerlo.
Y, también de él va a depender seguir o no consumiendolas una vez que las han
probado. Como psicólogos tenemos un importante papel que cumplir, como ya
venimos haciendo desde hace décadas, no sólo para poder explicar esta compleja
conducta, por los múltiples factores implicados en la misma, sino para poner en
práctica efectivos programas de prevención y de tratamiento que se han
desarrollado en las últimas décadas partiendo de nuestra ciencia
psicológica.